Cuando el corazón se cierra para sobrevivir
- 16 ene
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb
Reflexiones después de una charla de Gabor Maté

Quiero compartirte mi aprendizaje de la charla en la que participé con Gabor Maté “How to Reconnect with Your Authentic Self”. En esta charla, él explicó que muchas de nuestras reacciones actuales no reflejan quiénes somos realmente, sino las estrategias que aprendimos para sobrevivir emocionalmente.
La apertura del corazón
Partió la charla con una idea que resonó profundamente en mí: podemos ver, hablar y relacionarnos, pero eso no significa que nuestro corazón esté abierto. Cuando el corazón no está abierto, la vida se siente distinta. Se torna más pesada, irritante y confusa. Todo molesta un poco más de lo normal. Las conversaciones se vuelven cansadas. Las emociones se intensifican y el mundo se convierte en un lugar estresante.
El corazón no se cierra porque sí. Se cierra para protegernos, para sobrevivir. En algún momento de nuestra vida, fue necesario. Fue una respuesta inteligente del cuerpo y del sistema nervioso ante el dolor, el miedo o la falta de seguridad.
Y esto me pareció liberador: abrir el corazón no es algo que haces una vez y ya está. Es un proceso continuo. Abrimos el corazón y seguimos trabajando en ello. A veces, se vuelve a cerrar sin que nos demos cuenta. Entonces, volvemos, con paciencia y presencia, a abrirlo otra vez.
"El corazón cerrado no es culpa, es una adaptación."
El cuerpo como guía
El cuerpo siempre sabe si el corazón está abierto o cerrado, incluso antes de que la mente lo entienda. Si te detienes un momento y llevas la atención a tu cuerpo, especialmente al pecho y al estómago, puedes notarlo. Cuando el corazón está cerrado, suele haber tensión, rigidez y una sensación de contracción. Cuando está abierto, hay más espacio, suavidad y la respiración fluye de manera diferente.
Te regalo un breve ejercicio. Te invito a probar algo ahora mismo: recuerda una situación reciente en la que te sentiste mal, reactiva o a la defensiva. Nota cómo estaba tu cuerpo en ese momento. Luego, recuerda un momento en el que te sentiste tranquila, comprendida y segura. ¿Notas la diferencia? El cuerpo cambia completamente.
Poner atención
Podemos darnos cuenta de que el corazón está cerrado observando nuestras reacciones. Cuando interactuamos con alguien cercano y respondemos con agresividad, o cuando decimos cosas de las que después nos arrepentimos, muchas veces no es porque seamos malas personas. Es porque el corazón está cerrado en ese momento.
Y aquí viene algo importante: no se trata de culparte. La culpa no sana; la culpa solo cierra más el corazón.
Si pones atención a tu cuerpo, te darás cuenta si tu corazón está abierto o cerrado. El cuerpo siempre sabe antes que la mente.
Gabor Maté nos recuerda que el trauma no es lo que nos pasó, sino lo que ocurrió dentro de nosotros como respuesta a lo que pasó. El corazón cerrado es una respuesta, no un defecto.
Entonces, no se trata de culparte, sino de darte cuenta. Lo que sí ayuda es detenerse y preguntarse, con curiosidad y sin juicio:
¿Qué pasa conmigo ahora?
¿En qué creo en este momento?
¿Creo que puedo cambiar esto?
¿Creo que puedo abrir mi corazón?
La curiosidad abre lo que el juicio cierra. La compasión permite ver lo que la crítica oculta.
La compasión como puerta de entrada
En un momento de la charla, Gabor mencionó a su maestro espiritual, A.H. Almaas, fundador del enfoque Diamond Heart. Contó algo que él aprendió directamente de él y que me pareció muy profundo: cuando no hay compasión, el corazón se cierra.
La compasión no es algo blando, ingenuo o una debilidad. Es la capacidad de mirarnos sin atacarnos. Nos permite ver la verdad de uno mismo sin huir ni atacarnos. Según Almaas, solo cuando hay compasión podemos ver la verdad de nosotros mismos. Sin compasión, lo único que vemos es juicio, crítica y exigencia.
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sido compasivos con alguien. La invitación es aprender a llevar esa compasión hacia adentro.
Cuando practicas compasión con otros, entonces eso significa que también lo puedes ser contigo misma/o.
Salir del patrón de crítica interna
Gabor habló del psiquiatra Jeffrey Schwartz, especialista en neurociencia y conducta, conocido por su trabajo con trastorno obsesivo-compulsivo y por demostrar que el cerebro puede reentrenarse. Jeffrey Schwartz desarrolló un método de cuatro pasos para trabajar con pensamientos repetitivos y creencias que nos hacen sufrir, combinando principios de la Terapia Cognitivo-Conductual con la Atención Plena. Este enfoque está descrito en su libro Brain Lock. Gabor explicó estos pasos y luego agregó un quinto, desde su propia mirada, y yo te los quiero compartir 🫶.
El método de Jeffrey Schwartz + Gabor Maté (5to paso)
Te lo voy a explicar a través de un ejemplo común: imagina que aparece una creencia como: “No soy digna de respeto.”
Paso 1 – Re-etiquetar (Relabel)
El primer paso es reconocer lo que está pasando. Si no es verdad que no merezco respeto, entonces esto no es un hecho, es una creencia. Un pensamiento. No soy yo.
→ Esto es una creencia, no una verdad.
Paso 2 – Re-atribuir (Reattribute)
Aquí entendemos algo clave: este pensamiento no define quién soy. Es mi cerebro enviándome un mensaje aprendido, un patrón automático que se activó para protegerme en algún momento. No es la verdad sobre mí.
→ Es mi cerebro enviándome un mensaje aprendido, un patrón automático que intenta sabotearme.
Paso 3 – Re-enfocar (Refocus)
En lugar de quedarme atrapada en el pensamiento, elijo conscientemente re-enfocar mi atención durante al menos 15 minutos. Mover el cuerpo, caminar, leer, escuchar música, hacer algo que me conecte con el presente activándome física y emocionalmente. Esto no es escapar, es entrenar al cerebro.
→ Reenfoca tu atención conscientemente. Hazlo con conciencia. La conciencia es clave.
Paso 4 – Re-valorar (Revalue)
Después de re-enfocar, vuelvo y revalúo la creencia con más claridad. Ya no tiene el mismo peso. Empiezo a verla como lo que es: un patrón, no una identidad.
→ Revalúa esta creencia desde un lugar consciente. No tiene el valor ni la autoridad que creías que tenía.
Paso 5 – Re-crear (Recreate)
Gabor dijo algo muy potente: la vida que tenemos es la vida que hemos creado a partir de lo que creímos posible. Y eso significa que también podemos recrearla. No solo cambiar pensamientos, sino crear una vida más alineada, más auténtica, más viva.
→ La vida que tienes es la que has creado hasta ahora, basada en lo que creíste posible.
Destacó la importancia de escribir. Escribir lo que valoras, lo que amas, lo que te importa, cómo quieres vivir y qué anhelas para tu vida. Escribir no solo como reflexión, sino como práctica de creación.
Cerrar el corazón fue una forma de sobrevivir. Abrirlo es una forma de vivir.
Lo que más me gustó de este enfoque es que no se trata de pelear con la mente, sino de crear algo nuevo. Porque, al final, la vida que tenemos hoy es la vida que hemos creado a partir de lo que creímos posible. Y eso también significa que podemos recrearla.
Escribir ayuda mucho en este proceso. Escribir lo que valoras, lo que amas, lo que quieres, lo que sueñas, tus pasiones, cómo te gustaría vivir, con qué conectas profundamente, qué anhelas para ti y qué ves para tu futuro. No como una obligación, sino como una forma de abrir espacio adentro.
La vida que deseas no es una fantasía. Abrir el corazón no significa no sentir dolor. Significa dejar de vivir cerrados a nosotros mismos. Y ese camino comienza con atención, cuerpo y compasión.
Para mí, esta charla fue un recordatorio profundo de que el camino no es exigirme más, sino aprender a mirarme con más compasión, escuchar mi cuerpo y atreverme, una y otra vez, a volver a abrir el corazón. Quería compartirte esto porque a mí me tocó profundamente. Y quizás, en alguna parte de todo esto, algo también resuene contigo.
Que tengas un hermoso día,
Pauli




Comentarios