El estrés no siempre grita… a veces se disfraza de normalidad
- 9 jun 2025
- 5 Min. de lectura
¿Te ha pasado que terminas el día sintiéndote vacía, aunque “no pasó nada grave”?¿O que te cuesta disfrutar incluso en tus momentos libres, como si tu mente no pudiera apagar el modo alerta?
Vivimos en una cultura que ha normalizado la velocidad, la exigencia y la desconexión del cuerpo. Nos acostumbramos a funcionar en modo automático, acumulando tareas, pendientes y silencios emocionales.
Y ese ritmo que parece “normal” —porque todos viven igual—, en realidad es una fuente constante de tensión interna.
No siempre lo notamos. Pero se manifiesta en dolores de cabeza, en el insomnio que aparece sin explicación, en la piel que se irrita, tensión constante en la mandíbula, en la digestión alterada, en la respiración que se vuelve más corta sin que te des cuenta, en el llanto contenido que nunca encuentra salida… o en la rabia que explota de repente por cosas pequeñas.
Ese es el estrés que no se ve.
Como dijo Jon Kabat-Zinn, referente en mindfulness y reducción del estrés: “Cualquier cosa que amenace nuestro sentido del bienestar, que desafíe nuestro estatus, ego, creencias, o la necesidad de control, puede disparar la reacción de lucha o huida.”
🧠 ¿Pero qué es realmente el estrés?
El concepto moderno del estrés fue popularizado en los años 50 por el fisiólogo Hans Selye, quien lo definió como una respuesta interna a fuerzas externas que nos tensionan, deforman o exigen más allá de nuestra capacidad de adaptación. De hecho, el término proviene del latín "stringere", que significa “tensar”.
Desde entonces, la ciencia ha confirmado que el estrés no es algo pasajero. Afecta profundamente al cuerpo y al cerebro:
Se relacionó por primera vez con úlceras estomacales en estudios con ratas.
Se observó acortamiento del hipocampo, área clave para la memoria y el aprendizaje.
Puede suprimir el sistema inmune, volviéndonos más vulnerables a enfermedades.
Incluso puede traspasarse por generaciones: un estudio con ratones asoció un olor agradable (flores de cerezo) con una descarga eléctrica. Después de varias repeticiones, sus crías —que nunca vivieron el shock— reaccionaban al olor con miedo. El efecto fue detectable por dos generaciones (estudio de Dias & Ressler, 2014).
Hoy sabemos que no se trata solo de una “respuesta física”. Es una vivencia relacional entre la persona y su entorno. Richard Lazarus y Susan Folkman definieron en estrés en los años 80 como:
“La relación entre la persona y su entorno que percibe que supera sus recursos y amenaza su bienestar.”
Pero aquí hay algo más que sumar:
Cuando esa activación del cuerpo nos impulsa a adaptarnos positivamente, lo llamamos eustrés.
Pero cuando esa misma tensión se vuelve constante, agotadora, sin pausa y sin sentido… entramos en distrés, un estado de sobrecarga emocional y fisiológica que puede enfermarnos y desconectarnos de lo esencial.
💥 ¿Cómo saber si tu cuerpo está en estrés crónico (aunque no lo parezca)?
Te cuesta descansar, incluso cuando tienes tiempo.
Te distraes con facilidad o pierdes el foco.
Tomas decisiones desde la urgencia más que desde la estrategia.
Despiertas a mitad de la noche y te cuesta conciliar el sueño
Sientes que estás “desconectada” de ti misma.
Tu cuerpo se manifiesta con dolores, contracturas, alergias o fatiga constante.
El problema es que este estado se vuelve tu nueva “normalidad”.
Y desde ahí, lideras. Tomas decisiones. Crías. Acompañas. Te relacionas.
Desde un sistema en alerta que lo único que busca… es sobrevivir.
Y cuando lideras desde ese estado… lo transmites. Porque tu sistema nervioso habla sin palabras.
🌿 4 claves para gestionar el estrés desde el cuerpo y la conciencia
No se trata de eliminar el estrés, sino de cultivar tu capacidad para regularte, volver a ti y recuperar el equilibrio interno.
1. Escucha a tu cuerpo antes de que grite
Tu cuerpo es más sabio que tu agenda. La tensión, el cansancio, la irritabilidad o el dolor no son errores: son señales de que algo necesita ser mirado. Practica observar tus síntomas sin juicio.
Mis clientes/as no suelen poner atención a lo corporal, a sentir realmente su cuerpo o síntomas que últimamente se hayan detonado y menos aún saben que lo gatilló.
“El cuerpo sabe lo que la mente aún no se ha dado cuenta” - Antonio Damasio
2. Integra pausas que te regulen de verdad
No basta con dejar de trabajar un rato. El sistema nervioso necesita experiencias que le devuelvan seguridad: respiración consciente, contacto físico cálido, caminar descalza, o técnicas de autorregulación inspiradas en la teoría polivagal. Nuestro cuerpo muchas veces nos pide un suspiro, pero evitamos escuchar por creencias, por autoexigencia o porque no hay tiempo. Nuestro cuerpo es quien nos sostiene, es importante dormir las horas que requiere nuestro cuerpo para lograr un buen descanso e iniciar un nuevo día con energía, así como también micro descansos que nos ayuden a retomar tareas diarias, es muy necesario, no lo veas como tiempo perdido más bien como recarga de energía.
3. Revisa tu relación con el control
Una gran parte del estrés viene de querer controlar lo que escapa a nuestras manos. La sensación de amenaza crece cuando sentimos que nada depende de nosotros. Aprende a distinguir entre acción consciente y sobreexigencia mental. Muchas veces intentamos controlar asuntos sobre los que no tenemos ninguna posibilidad de influir, pero nos preocupamos y les dedicamos tiempo aunque solo sea para pensar en ellos.
4. Crea entornos seguros emocionalmente
El estrés no solo se alivia en lo individual. También en lo colectivo. Una cultura familiar o laboral que permite la vulnerabilidad, valida las emociones y prioriza el bienestar, protege al sistema nervioso y previene el burnout.
🌀 ¿Y si no se tratara de hacer más… sino de volver a ti?
Mucho del estrés que vivimos no viene de lo que hacemos, sino de lo que creemos que deberíamos estar haciendo. Vivimos con listas infinitas, ideales impuestos y estándares que muchas veces no nos representan. Y ese desajuste entre lo que somos y lo que mostramos también es estrés.
Volver a ti no es egoísmo. Es un acto radical de presencia y salud.
Aprender a vivir —y liderar— desde un sistema más regulado no es solo posible. Es necesario. Especialmente si acompañas, guías, crías o sostienes a otros.
Cuando tu mente se siente segura…Tu cuerpo descansa. Tu foco se aclara. Tus relaciones se nutren. Y tu forma de estar en el mundo florece.
No necesitas esperar a colapsar para hacer algo distinto. No necesitas tener “todo bajo control” para empezar a sentir calma.
Si sientes que tu cuerpo te está pidiendo algo diferente…Tal vez sea momento de escucharlo.
👉 Te acompaño a liderar desde otro lugar: más conectado, más consciente, más humano.
Trabajo con personas y organizaciones que están listas para hacer un cambio real —no solo desde la mente, sino también desde el cuerpo, la atención y el sistema nervioso.
Si quieres llevar esta conversación a tu vida personal o empresa, puedes escribirme a hola@pauligodoy.cl





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